Publicado el marzo 15, 2024

La elección entre Madagascar y la Cuenca del Congo no es sobre qué destino es mejor, sino sobre qué historia evolutiva quieres presenciar.

  • Madagascar es el laboratorio del aislamiento: un mundo de rarezas biológicas que no existen en ningún otro lugar, resultado de 88 millones de años de evolución solitaria.
  • La Cuenca del Congo es el crisol de la competencia: un ecosistema ancestral donde la megafauna, como los gorilas de montaña, representa la cima de la adaptación y el poder.

Recomendación: Elige Madagascar si buscas el asombro de lo único y lo extraño (lémures, camaleones). Opta por la Cuenca del Congo si anhelas un encuentro visceral y poderoso con arquetipos de la vida salvaje africana.

La llamada de la selva primaria resuena en todo naturalista como una promesa de un mundo perdido. Es el deseo de caminar bajo un dosel arbóreo intacto, de escuchar una sinfonía de sonidos desconocidos y de encontrarse con formas de vida que parecen sacadas de un sueño prehistórico. Inevitablemente, dos nombres emergen como los guardianes de esta promesa: Madagascar y la Cuenca del Congo. La elección parece, a primera vista, una simple comparativa de listas de especies: lémures contra gorilas. Se habla de la biodiversidad de ambos, de la necesidad de un buen guía o de los desafíos logísticos.

Sin embargo, este enfoque superficial ignora la pregunta fundamental. ¿Y si la verdadera decisión no se basara en un catálogo de fauna, sino en la naturaleza misma del «mundo perdido» que buscamos? Porque Madagascar y el Congo no son simplemente dos selvas; son dos laboratorios evolutivos radicalmente distintos, dos respuestas opuestas a la pregunta de cómo la vida prospera en su máxima expresión. Uno es el producto del aislamiento absoluto, una isla-continente donde la evolución ha experimentado con diseños extravagantes. El otro es el corazón palpitante de un continente, un crisol de competencia ancestral que ha forjado a los gigantes.

Este artículo no te dirá cuál es «mejor». En su lugar, te sumergirá en la lógica biológica de cada ecosistema. Exploraremos por qué la evolución tomó caminos tan divergentes, cómo la noche transforma estos mundos, qué desafíos prácticos enfrentará tu equipo y tú, y, finalmente, qué significa realmente pararse frente a un gorila de montaña. El objetivo es que no elijas un destino, sino el capítulo de la historia de la vida que más te fascina leer en persona.

Para navegar por esta exploración biológica y experiencial, hemos estructurado el análisis en puntos clave que abordan desde la fauna icónica hasta los detalles prácticos más cruciales. Este recorrido te proporcionará una comprensión profunda para que tu elección sea informada y trascendente.

Lémures y camaleones: por qué la evolución creó animales únicos en esta isla aislada?

Para entender Madagascar, hay que pensar en ella no como una isla, sino como un continente en miniatura que se desvió de su rumbo hace 88 millones de años. Este acto de separación geográfica fue el catalizador de uno de los experimentos evolutivos más fascinantes del planeta. Aislados de la feroz competencia de los grandes depredadores y primates del continente africano, los ancestros de la fauna malgache encontraron un paraíso de nichos ecológicos vacíos. Esta es la lógica del aislamiento: sin presiones externas, la vida no solo sobrevive, sino que se diversifica de formas extravagantes.

Los lémures son el ejemplo perfecto. Mientras sus parientes primates en África y Asia evolucionaban en monos y simios, los lémures de Madagascar se diversificaron en más de 100 especies, ocupando roles que en otros lugares pertenecen a pájaros carpinteros (el aye-aye), ardillas (lémures ratón) o incluso perezosos. Lo mismo ocurrió con otros grupos. Los tenrecs, pequeños mamíferos insectívoros, evolucionaron para parecerse a erizos, musarañas y nutrias. Los camaleones alcanzaron su máxima expresión, con especies del tamaño de una uña y otras tan grandes como un gato doméstico.

Visitar Madagascar es, por tanto, entrar en un laboratorio evolutivo donde las reglas fueron diferentes. La sensación no es la de ver animales «africanos», sino la de observar una fauna que pertenece a otra dimensión temporal. Según confirman los datos de biodiversidad, más del 80% de sus animales y plantas son endémicos, es decir, no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra. Este no es solo un dato estadístico; es la prueba tangible de que estás pisando un fragmento único e irremplazable de la historia biológica del planeta.

La elección de Madagascar es, en esencia, una elección por lo singular, lo inesperado y lo maravillosamente extraño; es una peregrinación al corazón de la originalidad biológica.

Cómo fotografiar insectos y ranas coloridas en la oscuridad de la selva tropical?

Cuando cae la noche en la selva, un universo paralelo cobra vida. Es el mundo de los anfibios de pieles iridiscentes, insectos con formas de otro mundo y reptiles maestros del camuflaje. Para el naturalista fotógrafo, este es el santo grial, pero también un desafío técnico formidable. La oscuridad es total, la humedad es un enemigo constante y los sujetos son pequeños, esquivos y a menudo se esconden en lugares inverosímiles. Dominar la fotografía macro nocturna en la selva no es tanto una cuestión de equipo, sino de técnica y anticipación.

El primer pilar es la iluminación. Olvídate del flash incorporado en tu cámara. Necesitas una fuente de luz externa y controlable. Un flash anular (ring flash) o un flash doble (twin flash) es ideal, ya que proporciona una luz suave y uniforme que elimina las sombras duras y revela los colores vibrantes y las texturas de la piel o el exoesqueleto. La clave es usarlo a baja potencia y difuminarlo para que la luz «envuelva» al sujeto en lugar de aplastarlo. Muchos guías locales especializados en herpetología llevan consigo linternas con filtros de colores que ayudan a localizar a los animales sin asustarlos y a previsualizar la composición.

El segundo pilar es el enfoque. En la oscuridad, el autofoco de tu objetivo macro a menudo fallará. Aquí es donde el enfoque manual y la técnica de «focus peaking» (una ayuda visual en las cámaras sin espejo que resalta las áreas enfocadas) se vuelven indispensables. La estrategia es simple: encuentra tu sujeto con una linterna, encuadra, y luego mece suavemente tu cuerpo hacia adelante y hacia atrás hasta que el punto exacto que deseas (generalmente los ojos) se ilumine en el visor. Dispara en ráfagas cortas para asegurarte de que al menos una toma sea perfectamente nítida.

Fotografía macro extrema de una rana colorida endémica sobre hoja húmeda con gotas de rocío

Como se puede apreciar en la imagen, el resultado de una buena técnica es una ventana a un mundo que el ojo humano apenas percibe. Cada gota de rocío, cada textura de la piel, se convierte en un paisaje en sí mismo. Finalmente, recuerda que la paciencia es más importante que el mejor objetivo. Muévete despacio, escucha los sonidos de la noche y, sobre todo, minimiza tu impacto. Estás en su hogar, y la fotografía es el privilegio de documentarlo, no de perturbarlo.

Esta disciplina fotográfica es una meditación activa, una caza silenciosa donde la recompensa no es la captura, sino la revelación de la belleza oculta en la oscuridad.

Qué animales extraños solo salen cuando se pone el sol en la selva húmeda?

En Madagascar muchas especies se han hecho nocturnas como último recurso para sobrevivir

– Planet Doc Documentales, Selvas de Madagascar – Documental de naturaleza

La noche no es solo un momento del día en la selva; es un ecosistema completamente diferente. Cuando la luz se desvanece, un nuevo elenco de criaturas, a menudo más extrañas y antiguas que sus contrapartes diurnas, emerge de sus escondites. Esta transición es una estrategia evolutiva fundamental para evitar la competencia por los recursos y escapar de los depredadores que cazan de día. Tanto en Madagascar como en la Cuenca del Congo, la noche revela la verdadera «rareza» de estos mundos perdidos, aunque lo hace de maneras muy distintas.

En Madagascar, la nocturnidad es la norma para muchas de las criaturas más icónicas. El aye-aye, un primate con dedos esqueléticos y oídos de murciélago, golpea la madera para encontrar larvas, ocupando el nicho de un pájaro carpintero. Los lémures ratón, los primates más pequeños del mundo, se activan en una búsqueda frenética de insectos y néctar. Y en el suelo, los tenrecs, supervivientes de una rama mamífera antiquísima, rastrean el sotobosque. La noche malgache es un escaparate de la evolución en su faceta más experimental.

En la Cuenca del Congo, la noche también esconde joyas, pero estas a menudo representan linajes continentales muy especializados. Los potos y gálagos (bushbabies), con sus ojos desproporcionadamente grandes, son maestros en la caza de insectos en la oscuridad total. Las civetas y ginetas, elegantes carnívoros, patrullan silenciosamente el suelo de la selva. Y, si la suerte es estratosférica, se podría vislumbrar la silueta de un pangolín. La noche congoleña es un vistazo a los arquetipos ancestrales de la fauna africana.

La siguiente tabla comparativa resume algunos de los avistamientos nocturnos más fascinantes y extraños en cada uno de estos laboratorios evolutivos, ofreciendo una visión clara de las diferentes estrategias que la vida ha adoptado para conquistar la oscuridad. La información se basa en observaciones documentadas en producciones como las de los documentales de naturaleza sobre las selvas del mundo.

Top 5 animales nocturnos más extraños: Madagascar vs Congo
Madagascar Congo/Uganda Estrategia nocturna
Aye-aye (primate con dedo medio largo) Poto (primate de ojos enormes) Evitar depredadores diurnos
Rata saltadora gigante Gálago (bushbaby) Reducir competencia por alimento
Tenrecs (similar a erizo) Anomaluros (ardillas voladoras) Especialización en presas nocturnas
Lémur ratón (Microcebus) Civetas africanas Termorregulación en clima fresco
Camaleón hoja (Brookesia) Pangolín (si tienes suerte extrema) Camuflaje y caza especializada

Estos encuentros nocturnos, a la luz de una linterna, son a menudo los más memorables, ya que revelan a los verdaderos fantasmas del sotobosque, las criaturas que han elegido el velo de la noche como su reino.

El error de no usar gel de sílice que arruina cámaras y objetivos en ambientes de 90% de humedad

Hay un enemigo silencioso en la selva que puede destruir miles de euros en equipo fotográfico sin hacer un solo ruido: la humedad. En lugares como la Cuenca del Congo o las selvas orientales de Madagascar, donde un nivel de humedad del 90-95% es la norma, el aire está tan saturado de agua que busca cualquier superficie más fría para condensarse. Y la superficie perfecta es el cristal frío de tu objetivo o el sensor de tu cámara.

El error más común es pensar que basta con limpiar la lente. El verdadero peligro es interno. Cuando el equipo, enfriado por el aire acondicionado de un lodge, se expone bruscamente al aire cálido y húmedo del exterior, la condensación se forma por dentro. Esta humedad interna no solo arruina una foto, sino que a largo plazo fomenta el crecimiento de hongos en las lentes, un daño irreparable que deja un patrón similar a una telaraña en el cristal. También puede corroer los contactos electrónicos, causando fallos catastróficos en la cámara.

La solución no es un único truco, sino un sistema de gestión de la humedad en tres niveles. No proteger tu equipo es el equivalente a navegar sin chaleco salvavidas: puedes tener suerte una vez, pero el desastre es solo cuestión de tiempo. La prevención es la única estrategia válida para garantizar que tus recuerdos visuales vuelvan a casa intactos.

Plan de acción para proteger tu equipo de la humedad:

  1. Nivel 1 – En campo: Usa paños de microfibra y sopladores constantemente para eliminar condensación superficial. Nunca soples con la boca, ya que tu aliento contiene aún más humedad.
  2. Nivel 2 – En el lodge: Guarda todo el equipo en bolsas estancas (dry bags) junto con desecantes potentes. Las pequeñas bolsas de gel de sílice que vienen con los productos no son suficientes; necesitas desecantes industriales o recargables que puedan absorber grandes cantidades de vapor de agua.
  3. Nivel 3 – Prevención: Aclimata progresivamente el equipo al salir de habitaciones con aire acondicionado. Déjalo dentro de la mochila cerrada durante 15-20 minutos en el exterior antes de abrirla. Este simple paso permite que la temperatura se iguale lentamente, evitando la condensación interna.
  4. Emergencia: Si no tienes gel de sílice, el arroz crudo en una bolsa de tela puede actuar como una alternativa de emergencia, aunque su capacidad de absorción es mucho menor.

Este protocolo puede parecer tedioso, pero es tan esencial para el fotógrafo de selva como lo son las baterías cargadas o las tarjetas de memoria vacías. Es la disciplina que separa al aficionado del profesional en los entornos más exigentes del planeta.

Turacos y cálaos: cómo avistar aves coloridas entre el follaje denso que bloquea la vista?

Observar aves en la selva tropical es una experiencia paradójica. El aire está lleno de cantos y llamadas exóticas, confirmando la presencia de una avifauna increíblemente rica. Sin embargo, el dosel es tan denso y la luz tan escasa que ver a los autores de esa sinfonía puede ser una tarea frustrante. Aves espectaculares como los turacos de cresta roja o los enormes cálaos parecen ser maestros en permanecer invisibles. En el crisol de competencia de la Cuenca del Congo, donde la supervivencia depende del sigilo, las aves no facilitan las cosas. Por ello, los observadores expertos adoptan una técnica fundamental: primero escuchar, luego buscar.

El «birdwatching por sonido» es una habilidad esencial. Consiste en aprender a identificar las vocalizaciones únicas de las especies objetivo. Un guía local experto no mira hacia las ramas al azar; su cabeza está inclinada, escuchando. Reconoce el grito ronco y gutural de un turaco a cientos de metros o el distintivo sonido de «whoosh-whoosh» que producen las alas de un gran cálao al volar, un ruido similar a una locomotora de vapor lejana. Una vez localizado el sonido, comienza la búsqueda visual, pero ya no es a ciegas. Se busca en una dirección concreta, prestando atención al movimiento.

Otra estrategia clave es localizar los «árboles imán». Ciertas especies de árboles, como las higueras, producen frutos que son irresistibles para docenas de especies de aves y primates. Encontrar un árbol en fructificación es como encontrar un restaurante con todo incluido en medio de la selva. Basta con sentarse pacientemente con unos prismáticos y esperar. Los animales vendrán a ti. También es útil seguir a las «bandadas mixtas», grupos de diferentes especies de insectívoros que se mueven juntas por el sotobosque, aumentando colectivamente sus posibilidades de encontrar comida y detectar depredadores.

Turaco verde esmeralda posado en rama con su cresta roja distintiva entre hojas del dosel

Estudio de caso: La técnica de «birdwatching por sonido» en selvas tropicales

En la Cuenca del Congo, que según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) alberga más de 1,000 especies de aves, los observadores expertos utilizan primero el oído antes que la vista. Los turacos emiten gritos característicos audibles a 500 metros, mientras que el batir de alas de los cálaos crea un sonido único de ‘whoosh-whoosh’. La estrategia incluye buscar árboles en fructificación que actúan como imanes para aves y seguir las ‘bandadas mixtas’ donde múltiples especies forrajean juntas. Este enfoque auditivo multiplica drásticamente las posibilidades de avistamiento en un entorno visualmente impenetrable.

Avistar aves en la selva es menos una actividad visual y más una inmersión sensorial, un juego de paciencia y conocimiento donde el oído es a menudo una herramienta más poderosa que los ojos.

Por qué necesitas ropa de secado rápido y protección impermeable total en la selva ugandesa?

La combinación de sudor y lluvia en un clima húmedo y fresco de montaña como en Bwindi puede causar hipotermia, algo que no se asocia intuitivamente con África

– Guías locales de Uganda, Experiencias de trekking en Bwindi Impenetrable Forest

Cuando se piensa en la selva, la imagen mental suele ser de un calor sofocante. Sin embargo, en las selvas de montaña de Uganda y Congo, como el Parque Nacional Impenetrable de Bwindi, la realidad es muy diferente. A altitudes que superan los 2.000 metros, las temperaturas pueden ser frescas, a menudo entre 10°C y 20°C, y la lluvia es una constante casi diaria. Es un entorno de niebla perpetua, barro espeso y una humedad que lo cala todo. Aquí, la elección de la ropa no es una cuestión de comodidad, sino de seguridad.

El mayor riesgo, como bien advierten los guías locales, es la hipotermia por humedad. Ocurre cuando el cuerpo se enfría debido a la combinación de ropa mojada (por la lluvia o el sudor) y una temperatura ambiente fresca. La ropa de algodón es el peor enemigo en este escenario: tarda una eternidad en secarse y, una vez mojada, extrae el calor del cuerpo de forma alarmante. Por el contrario, la ropa técnica de materiales sintéticos (poliéster, nylon) y la lana merina tienen dos propiedades vitales: no absorben apenas agua y, si se mojan, se secan extremadamente rápido con el propio calor corporal.

Por ello, el sistema de capas es obligatorio, pero debe estar adaptado. La capa base debe ser una camiseta térmica o de secado rápido. La capa intermedia, un forro polar ligero para abrigar. Y la capa exterior, la más crucial, debe ser una chaqueta impermeable y transpirable de alta calidad con capucha. «Impermeable» te protege de la lluvia torrencial. «Transpirable» (gracias a membranas como el Gore-Tex) permite que el vapor de tu sudor escape, manteniéndote seco por dentro. Un simple chubasquero de plástico te protegerá de la lluvia, pero te cocerá en tu propio sudor, dejándote igualmente mojado y en riesgo.

Es crucial entender que el equipamiento varía significativamente según el tipo de selva que se visita. Las condiciones de una selva de montaña en Uganda no tienen nada que ver con las de un bosque seco en el oeste de Madagascar. El siguiente cuadro, basado en recomendaciones de portales especializados en viajes a la naturaleza como los que analizan la biodiversidad de Madagascar, lo ilustra claramente.

Sistema de capas adaptado por destino: Uganda/Congo vs Madagascar
Destino Sistema de capas recomendado Consideraciones especiales
Uganda/Congo montaña (Bwindi, Virunga) 1. Capa base térmica
2. Forro polar ligero
3. Impermeable con capucha
Temperaturas de 10-20°C, lluvia constante, barro profundo
Madagascar selva húmeda (Este) 1. Camiseta secado rápido
2. Camisa manga larga anti-UV
3. Chubasquero ligero
25-30°C, humedad extrema, vegetación espinosa
Madagascar bosque seco (Oeste/Sur) 1. Ropa clara transpirable
2. Protección solar UPF50+
3. Cortavientos ligero
30-40°C día, 15°C noche, espinas y plantas urticantes

En estas selvas de montaña, estar seco no es un lujo, es la diferencia entre una jornada de asombro y un riesgo real para la salud. La ropa técnica no es un gasto, es una inversión en tu seguridad y bienestar.

Pangolín de Temminck: cuáles son las posibilidades reales de ver al mamífero más traficado del mundo?

En el panteón de los avistamientos soñados por cualquier naturalista, el pangolín ocupa un lugar casi mítico. Este mamífero cubierto de escamas, que parece una alcachofa andante, es tan único como esquivo. Es nocturno, solitario y extremadamente tímido. A esto se suma una trágica realidad: es el mamífero más traficado del mundo, llevado al borde de la extinción por la caza furtiva. La pregunta, por tanto, no es solo si se puede ver, sino si es realista albergar esa esperanza.

La respuesta honesta y directa es no. Para un viajero, incluso para el naturalista más dedicado, las posibilidades son infinitesimalmente pequeñas. Los conservacionistas que pasan años en el campo a menudo cuentan los avistamientos de pangolines con los dedos de una mano. Según estimaciones de organizaciones como WWF, las posibilidades de que un visitante vea un pangolín salvaje en un viaje estándar son de menos de un 0.1%. Fijar el éxito de un viaje en este avistamiento es una receta garantizada para la decepción.

Sin embargo, esto no significa que la búsqueda de lo raro y excepcional esté perdida. La clave es recalibrar el concepto de «santo grial». En lugar de obsesionarse con lo casi imposible, un naturalista estratégico puede centrarse en alternativas que, aunque extremadamente difíciles de ver, son factibles y ofrecen una emoción similar de haber presenciado algo verdaderamente especial, una auténtica arqueología viviente.

Estudio de caso: Alternativas realistas de «santo grial» de avistamiento

En lugar de buscar el casi imposible pangolín, los viajeros pueden enfocarse en especies igualmente raras pero más factibles. En la Cuenca del Congo, el Okapi, la «jirafa del bosque», es un objetivo legendario. Extremadamente tímido y descubierto por la ciencia occidental solo en 1901, es posible avistarlo con guías especializados en la Reserva de Fauna de Okapi. En Madagascar, el equivalente sería el Aye-aye. Aunque nocturno y esquivo, existen tours específicos en lugares como la isla Nosy Mangabe donde las posibilidades de verlo son muy altas. Estas alternativas, como se detalla en análisis de ecosistemas como los de Cool Earth, ofrecen la misma emoción de ver algo único sin la frustración casi garantizada de la búsqueda del pangolín.

El verdadero espíritu del naturalista no reside en tachar una lista de especies, sino en la emoción de la búsqueda y el asombro ante cualquier forma de vida, por común o rara que sea. Perseguir un Okapi o un Aye-aye ofrece esa emoción de forma mucho más realista y gratificante.

Puntos clave a recordar

  • Dos lógicas evolutivas: Madagascar es el reino del endemismo por aislamiento; el Congo, el de la megafauna forjada en la competencia.
  • La noche revela la rareza: Muchas de las criaturas más extrañas (aye-aye, potos) son nocturnas, una estrategia clave para sobrevivir.
  • La técnica es crucial: Tanto en fotografía (gestión de humedad) como en observación de aves (escuchar primero), el éxito depende más de la preparación y la habilidad que del equipo.
  • El valor de la conservación: El alto coste de permisos como el de los gorilas no es un precio por ver, sino una inversión directa y vital en la protección de la especie y su hábitat.

Vale la pena pagar 700-1500 USD por solo una hora con los gorilas de montaña?

Es la pregunta del millón para cualquiera que considere un viaje a Uganda o Ruanda. El precio del permiso para ver a los gorilas de montaña —que oscila entre los 700 USD en Uganda y los 1.500 USD en Ruanda— parece exorbitante por solo sesenta minutos de observación. A primera vista, puede parecer el epítome del turismo de élite. Sin embargo, para entender si «vale la pena», hay que deconstruir por completo el significado de ese pago. No estás comprando una entrada a un zoo; estás haciendo una de las contribuciones más directas y efectivas a la conservación que un viajero puede realizar.

Ese dinero no se desvanece en las arcas del gobierno. Se reinvierte directamente en el ecosistema que hace posible la supervivencia de los gorilas. Como detalla el siguiente cuadro, basado en la estructura de programas de conservación, la mayor parte se destina a pagar los salarios de los rangers que patrullan la selva 24/7, protegiendo a las familias de gorilas de los cazadores furtivos. Otra parte crucial financia proyectos de desarrollo en las comunidades locales (escuelas, clínicas), dándoles una alternativa económica a la explotación del bosque. También financia la investigación y los equipos veterinarios que monitorean la salud de los gorilas. En resumen, ese permiso es el motor que mantiene viva toda la operación de conservación.

Desglose del costo del permiso de gorilas: inversión en conservación
Destino del pago Porcentaje aproximado Impacto directo
Salarios de rangers y patrullas anti-caza 40% Protección 24/7 de familias de gorilas
Desarrollo comunitario local 20% Escuelas, clínicas, proyectos agrícolas
Investigación y veterinarios 20% Monitoreo de salud, intervenciones médicas
Mantenimiento de parques 15% Senderos, infraestructura, centros de visitantes
Administración gubernamental 5% Gestión del programa de conservación

Y luego está la experiencia en sí. La «hora» no comienza cuando ves al primer gorila. Comienza con un trekking exigente a través de una selva espectacular. Cuando finalmente encuentras a la familia, el tiempo se detiene. Estar a pocos metros de un espalda plateada de 200 kg, observar a las crías jugar o ver a una madre amamantar a su bebé, es una experiencia de una intimidad y poder sobrecogedores. No hay barreras. Es un encuentro en sus términos, en su hogar. Es una conexión profunda y visceral con uno de nuestros parientes más cercanos, una ventana a un mundo de complejas interacciones sociales que reflejan las nuestras.

No son 700 USD por una hora, sino 700 USD por la conservación de una especie y su hábitat, que incluye el privilegio de una hora de observación.

– Dian Fossey Gorilla Fund, Programa de conservación de gorilas de montaña

La decisión final es personal, pero debe tomarse con toda la información. Es vital comprender que el pago trasciende el turismo; es un acto de conservación. Medita sobre el verdadero valor de esta experiencia antes de decidir.

Entonces, ¿vale la pena? Si buscas simplemente tachar un animal de una lista, quizás no. Si buscas una de las experiencias de vida salvaje más profundas del planeta y, al mismo tiempo, quieres ser parte activa de la solución para salvar una especie, la respuesta es un sí rotundo. Es una hora que te cambia para siempre.

Escrito por Elena Velasco, Bióloga y guía de campo certificada (FGASA) especializada en etología de grandes depredadores y conservación. Aporta una década de investigación en parques nacionales sobre comportamiento animal.